Antes siempre se llamaban imperiales, las veía en las revistas, en las películas, en los eventos institucionales. Me imagino a todos vestidos de etiqueta, ellas de largo y ellos de esmoquin. Me imagino una recepción en una embajada, la cena de los premios Nobel, me imagino un almuerzo en alguno de los palacios de la realeza europea, me imagino tiaras, encajes, guantes  y pieles. Cientos de Hortensias frescas cruzando de lado a lado las mesas kilométricas, entremezcladas con candelabros dorados. Sillas Napoleón, lámparas antiguas de cristal iluminando los enormes salones. Me imagino a Sor María y al capitán Von Trapp bailando al son de Edelweiss en Sonrisas y Lágrimas.

Vale, vale, dejo ya de soñar y vamos a hablar de la versión más realista de las mesas imperiales, también llamadas alargadas o mesas corridas. Personalmente me encanta su estética, por el tipo de decoración que va de lado a lado, bien con guirnaldas, macetas, búcaros… Me gustan con o sin mantel, recargadas o más sencillas, y rústicas. Me gustan porque puedes sentar a un grupo grande, lo típico de “son mis amigos de la universidad y no los puedo separar”, pues en ellas caben todos.

Les veo dos inconvenientes: hay que decorarlas más que las redondas y son más incómodas para hablar entre todos, solo se habla cómodamente con el de la izquierda o derecha.

Nosotros solemos combinarlas y ponemos mesas redondas con algunas alargadas. Ideas de cómo decorarlas, hay miles! Os dejo algunas que espero os sirvan de inspiración!

Buen fin de semana, vuelvo la próxima semana con una boda bonita bonita…